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Por el Abuelo |
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CURAS Y POLICHINELAS.
Un cliché es un “San Benito”, un tópico que recae sobre una persona o colectivo como una maldición o una plaga de forma casi irreversible. Se basa en afirmaciones asentadas sobre el conocimiento mítico y rumorológico de la forma de ser y actuar de determinadas personas o grupos de personas. Son tópicos manidos usados muy vistos y comentados que en muchas ocasiones coinciden con la realidad (toda leyenda tiene algo de verdad) pero que en otras no en su totalidad o ni por asomo, estableciéndose una imagen perniciosa, negativa e injusta de determinados individuos. En ciertas ocasiones, por su reiteración en el uso (“esos titiriteros son unos progres de mierda”, por ejemplo) los clichés se tornan en afirmaciones ofensivas y calumniosas que son totalmente rechazables a todas luces. En el caso de curas y artistas ambos colectivos se ven metidos en un fuego cruzado de intolerancia, falta de respeto y radicalización de las posturas políticas e ideológicas. Así todos los curas resultan fachas y todos los artistas progres de mierda. O conmigo o en contra de mi, no se respeta ni la pluralidad de opiniones y posturas políticas ni la dignidad de los colectivos a los que los individuos pertenecen. Que se respete que los curas sean curas (que con eso ya tienen bastante) y los actores artistas que la mayoría de ellos desempeñan su trabajo dignamente. La intolerancia en el caso de los curas se basa en destacar las opiniones de determinados extremistas católicos que quieren vender como reaccionarios a todos los miembros de la iglesia católica, cuando todos sabemos que existen curas con ideologías más progresistas y teólogos que defienden teologías como la de la liberación, rechazadas por el ala más dura de la curia vaticana. La otra intolerancia, la de los actores proviene de nuestro empecinamiento en no considerar a los actores y artistas que también tienen ideas de derechas o posicionamientos moderadamente conservadores en sus formas de pensar (y con esto no me refiero a los rancios de Norma Duval y Bertín Osborne que durante años hicieron campaña para el partido popular). Solo faltaba que ahora se pensara que los deportistas por reunirse algunos de ellos con Rajoy en un mitín del Partido Popular, la semana pasado, son todos peperos y fascistas. No se trata de ser supertolerantes y comprensivos sino de darle al Cesar lo que es del Cesar y ser justos sin perder la autonomía y convicción de nuestras posturas políticas, pero respetando las de los demás como las nuestras propias sin encasillarlos a las primeras de cambio en un extremo de la baraja. La polarización del panorama político solo trae como consecuencia que los radicales y extremos ganen su batalla porque polos opuestos siempre se han atraído para joder la marrana del consenso, el dialogo, la tolerancia, el respeto y sobretodo el sentido común, que por cierto últimamente parece el menos común de todos los sentidos.
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