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Por el Abuelo |
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LOS DERECHOS HUMANOS CATÓLICOS. Las recientes declaraciones de altos cargos de la jerarquía de la iglesia católica española, con motivo de la concentración en defensa de la religión y la familia celebrada en Madrid, de verdad, no dejan de sorprenderme. Los señores García Gasco y Rouco Varela afirmaron que el Estado, más bien el gobierno socialista vigente había iniciado un ataque contra la iglesia, la religión católica y sus valores y que en resumidas cuentas el fruto de dicha política conllevaba un recorte o retroceso en el ámbito de los derechos humanos de los españoles.
De igual modo estos abyectos y retrógados obispos no comprenden que el Estado es independiente de cualquier religión porque así asegura el trato igualitario a los ciudadanos y porque el ser creyente o profesar una determinada religión es asunto del ámbito íntimo no público de las personas y el estado no debe inmiscuirse. Además estos inmorales defensores de la moral no aciertan a asimilar que el reconocimiento de los derechos no significa su obligado cumplimiento. Yo no cambiaré de orientación sexual para casarme con un homosexual o si estuviese casado no me vería obligado a divorciarme y por ende si fuera mujer no estaría avocada a abortar simple y llanamente porque una ley me lo podría permitir bajo determinados supuestos. Respeto a los creyentes y practicantes de la religión católica porque gracias a su dios, o más bien al estado democrático gozan de la libertad para profesar una religión en la que admirablemente creen en un dios con una fe ciega aunque algunos intenten explicarles que no existe, o que no pueden demostrar su existencia. Sin embargo no aplaudo el fanatismo de algunos de ellos y sobretodo de algunos de sus dirigentes. Los derechos humanos no pueden estar catolizados y no pueden ser católicos sino humanos para todos y hasta incluso pueden contradecir algunos principios de la moral de la religión católica por el simple razonamiento antes explicado, de los derechos se disfruta no obligan a nadie, pero para que todos podamos gozar de ellos, algunos de ellos tiene que superar los intereses de determinados colectivos humanos articulados entorno a la religión, las ideas, las razas, la orientación sexual etc. Desde que escuche que en colegios católicos no se permite a las mujeres frotarse con esponja mientras se duchan, o se corta el plátano en los comedores, para evitar posibles tentaciones fálicas saque dos claras conclusiones: - Que los supuestos defensores de la moral podrían convertirse en excelsos pornógrafos pues su imaginación no tiene límites. - Que debo darles las gracias pues ahora cada vez que me ducho o una señorita se come un plátano en mi presencia, mi vida ha pasado de concebir estas situaciones cotidianas como tales y cada vez que las experimento, que es muy a menudo, el erotismo más infame me da un puntito picante a la vida como si fuera uno más de esos férreos defensores de la moral y la decencia.
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